Lleva contigo siempre tu ID si estás en Japón

Lleva contigo siempre tu ID si estás en Japón, o el pasaporte, que también sirve.

¿Por qué digo esto? Porque justo la otra noche me paró la policía dos veces al volver de casa. Dos! Aunque bueno, tampoco les voy a culpar de ello 🙂 .

Pongámonos en situación. Son las diez y pico de la noche (ya algo tarde por estos lares) y eres un policía que está de patrulla. Estás en un control rutinario (de bicicletas), todo concentrado en revisar la documentación del tío que acabas de parar cuando ves venir bajando una cuesta, con un ruido escandaloso de frenos que piden a gritos que los mates ya, a un tío con una mano en un manillar de la bici y en la otra… el manillar de otra bici que lleva arrastrando. Vamos, ese tío está pidiendo a gritos que le miren los papeles.

Por supuesto, era yo.

Nada, venía de recoger la bici pequeña que había dejado el otro día por ahí mal aparcada y pasaba de volverme tooooodo el camino a casa andando (una hora) con las dos bicis cuando arrastrando una solo tardo veinte minutos.

Ahí estaba yo, explicándole al tío que le había dejalo la bici a un amigo (mentira) y venía de recogerla. Le dije que vivía ahí al lado, le enseñé el papel como tengo registrada una de ellas pero que el de la otra (la pequeñaja) a saber dónde está. Yo creo que o tenía mucha prisa, estaba asustado de la barba que llevaba (y llevo) y/o era un tío muy enrollado que me dejó volver a casa sin tener que llamar a central para comprobar la matrícula de la bici pequeña. Es más, me recomendó que al menos arrastrase las bicis hasta que ya no estuviese en su rango de visión xD

Aun así fui buen chico y volví a casa arrastrando las bicis. Bueno, a falta de muy poco me desvié un poco para ver una zona con bastantes cerezos en flor cerca de casa. Después de echar unas fotos y tal tomé rumbo para la madriguera, ya cansado y con sueño. Lógicamente me subí a una bici y empujé la otra. Lógicamente, diez metros más adelante, otra patrulla de policía.

Esta vez eran dos. Me costó algo más convencerles, pero lo conseguí. Tampoco me hicieron esperar una eternidad para comprobar la matrícula de la pequeña, cuyo proceso es llamar a la jefatura de tráfico de Kanagawa (la prefectura donde vivía cuando me la compré), dar mis datos, confirmarlos y apagar el walky-talkie. Esta vez sí que tuve que enseñar mi ID. Ya recibida la bendición y partiendo para casa a otro pobre infeliz se le ocurrió pasar con la bici donde estábamos (sólo con una) y los polis le pararon también, jeje.

Ya puestos, me queda otra historia que tuve con la policía que sí que me fastidió bastante. Esta vez no era de noche, no iba con dos bicis y ni iba desnudo por la calle. Era un Domingo, por la mañana, me iba a Nakameguro y acababa de pasar por delante de un Koban, puestos de policía muy pequeños repartidos por barrios. Allí estaba aparcado un coche patrulla con dos policías montados y hablando con uno que estaba de pie delante del coche. Pues nada, pasé de largo, subí la cuesta que me esperaba y pasé un semáforo. En ese momento me adelantó el coche, giró bruscamente en una bocacalle a pocos metros y antes de que yo los pasase ya se había bajado un policía y me estaba dando el alto. Me da igual que me pregunten de vez en cuando si la bici es mí­a y tal, total, también se lo hacen a muchos japoneses (o asiáticos). Pero me molestó bastante que fuesen persiguiéndome a propósito. Sin contar que justo delante había un parque y un montón de niños con sus padres mirándome.

Mi experiencia con la policía japonesa se reduce a poco más así que no creo que pueda hacer ningún balance. Tan solo son dos historias que me apetecía contar.

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Ahh, se me olvidada decir una cosa. ¿Qué ocurre cuando no llevas tu ID encima? Pues según Óskar, te acompañan hasta casa para que se lo enseñes xD

Antonio Abad

Expatriado en Tokio. Infiltrado como informático salaryman en una empresa japonesa. Mimetizado completamente sino tuviese tanto pelo.