Aquellas cosas realmente imporantes

No hay nada como meterse entre pecho y espalda una buena tanda de sushi despues del curro. Bueno, hay miles de cosas mejores seguramente, pero hoy tocaba Sushi.

Uno de maguro (atún), otro de salmón, otro más de salmón… Entre bocado y bocado Carlos y yo nos contábamos las peripecias del curro, quejándonos de los pocos ratos de descanso que tenemos pero hinchando el pecho por el trabajo bien hecho. Siguen apareciendo bocados de sushi que poco duran en sus platos. Van llegando más clientes, otros se van pero nosotros seguimos con nuestro palique.

La conversación cambia, ahora hablamos de la próxima vez que vayamos a España a ver a la familia y amigos y de las ganas que tenemos de verlos. Cae otro sushi y Carlos empieza a hablar de un amigo suyo de su grupo de colegas de España. Parece ser que hay lío, no se quien ha dicho no sé qué de alguien del grupo de siempre y ahora las aguas están revueltas en el grupo. Nos miramos y pensamos en voz alta, típico problema clásico del grupo de colegas que se conocen toda la vida y que parece condenado a repetirse eternamente, pero que a la vez le da vidilla al grupo.

Un momento, “eso no nos pasa a nosotros aquí”, pasa por nuestra cabeza…

Llega el último sushi, salmón para variar, y empezamos a hablar de lo bien que estamos viviendo en Tokio y de cómo nos ha cambiado el venirnos a vivir aquí. Nos enorgullecemos de no tener esos problemas, de no estar nunca con reproches ni malos rollos entre nosotros ni con cualquier otra persona (que sepamos). Definitivamente, hemos cambiado, estar aquí, o mejor dicho, lejos de allí, nos ha hecho cambiar y recapacitamos un poco sobre ello mientras la cinta que transporta el sushi sigue girando eternamente. Seguimos hablando un poco más, pasamos a otros temas y nos reimos del montón de barbaridades que no se imaginan lo afortunados que son los japoneses de no entenderlas antes de ir a pagar y tomar ruta para casa en una noche fria y lluviosa.

Ahora estoy en casa otra vez y sigo dándole vueltas a nuestra conversación, pensando en como he cambiado en los más de cuatro años que llevo aquí. Me doy cuenta de que me siento una persona mucho más balanceada que antes, más madura, responsable, insensato, borracho, infantil y enamoradizo, todo a la vez. Por supuesto, cumplir años es algo que tiene mucho que ver. Pero no es sólo eso. He tenido que alejarme de toda la gente importante para mí para venir aquí y empezar prácticamente todo de nuevo. Todo por un sueño, por una idea que realmente no sabía si iría bien o no no es algo fácil y que te pone a prueba en más ocasiones de las que uno desearía. Por eso, como quien pierde a un ser querido, no puedes evitar recordar buenos momentos y querer otra oportunidad para hacer las cosas mejor cuando pudiste hacerlo. Es una idea que se queda fija en la cabeza y te condiciona a la hora de conocer a gente nueva, de plantearte los problemas y de ver la vida. Creo que es algo que tenemos en común mucha gente que hemos tomado la decisión de irnos lejos y que también comparto con mis amigos aquí… algo que nos une. Darse cuenta de lo efímeras que pueden ser aquellas cosas realmente importantes es algo que de lo que me siento orgulloso.

Muchas gracias a todos, a los que están lejos, a los que están cerca y a los que se alejan un poco.

BGM: Delay - Intergalactic Lovers

Antonio Abad

Expatriado en Tokio. Infiltrado como informático salaryman en una empresa japonesa. Mimetizado completamente sino tuviese tanto pelo.